EDITORIALCARAJO
¿De qué hablamos cuando hablamos de LA VIDA?
¿Del libro, de la puesta en escena, de la suerte del personaje que nos tocó interpretar?
El ser humano es el único bicho petulante. Sabiéndose incapaz de responder cuestiones esenciales inherentes a la vida, inventa preguntas a la medida de las respuestas que, como fábulas camufladas, decide creer o hacer crer.
¿Qué carajo es la vida? Usamos indefinidamente a veces esa palabra, que admite varias acepciones, pero esencialmente dos, básicas. Por esa razón creo de fundamental importancia dejar en claro de qué coño hablamos cuando decimos "la vida".. Si nos referimos a la existencia de seres vivos en general ("en el Planeta Tierra hay vida, en tanto es habitado por seres que nacen, crecen, se reproducen, mueren y.. a lo largo del transcurso de sucesivas generaciones pueden mutar y/o evolucionar"), o si aludimos a nuestra historia personal ("MI vida, mi historia").
Sin embargo todo lo anterior resulta un prólogo formal innecesario para el enfoque que me propongo abordar; tanto una vida como la otra, me ne fregan: ambas me parecen una soberana mierda. Es mi visión personal, y dado que tengo razones de sobra para fundamentar tal apreciación, de aquí en más, cada vez que escriba "vida", debe entenderse que lo que exprese remite exclusivamente a MI vida como historia existencial. Especialmente al presente y a la sumatoria de antecedentes más o menos cercanos a este hoy..
Cuando alguien dice "la vida es una mierda", o "esta vida es una mierda", yo entiendo que habla de su propia vida, de su experiencia personal como ser vivo. Yo al menos, cuando pronuncio tales sentencias, no hablo de otra cosa que de mí y mi tragedia. Sin embargo a veces también uso esas frases refiriéndome a la creación/evolución (tache cada uno lo que crea inexacto), a la existencia colectiva. Pero no es esta segunda opción la que me interesa analizar hoy..
Hoy hablaré de mí, de mi vida y de mi juicio a ella. Pero pienso hacerlo de una manera medio trucha: plagiándome a mí mismo.. transcribiendo lo que sobre el tema escribí hace tres meses, en Buenos Aires.. Va:
Vivir no es algo que me importe. Cuando sospechaba que la vida podía no tener sentido alguno, me interesaba apenas como un experimento absurdo. Hoy que esa antigua sospecha es certeza, todo me chupa un huevo. Pero no es eso lo más alarmante, ya que para que a alguien le guste algo y lo disfrute, no es necesario que ese algo tenga sentido, ni creo que haga falta explicación ni razón que lo justifique. Entonces, no veo motivo para explicar un carajo: no me gusta la vida y punto. Así funciona todo en mi planeta, y no hay argumentos más lógicamente irrefutables que "porque sí" y "porque no".
Creo haber dejado claro que la vida nunca me gustó, pero por las dudas lo repito: no decidí nada, me tiraron acá de prepo, y me la tuve que bancar. No veo puto milagro alguno en SER, y si me hubieran dado opciones, habría elegido no ser..
Alguna vez creí que no me gustaba esta vida (esta = mi) por X, Y o Z. Porque la abrumadora sumatoria de deseos incumplidos se solidificaba y era un cristal a través del cual todo se veía como una cagada. Pero imaginaba (porque quería imaginar) que eso podría cambiar algún día. Hoy estoy despierto, bien despierto, y sé que la cuestión no se mueve sobre ese carril: todo lo que realmente deseé, lo tuve.. a la larga o a la corta, lo tuve y.. no me hizo efecto. Hoy no deseo nada. NA-DA. Ni siquiera deseo desear. Es tan simple..
Solo espero que nadie me rompa las pelotas con cuestionamientos inútiles, absurdos y.. hasta irrespetuosos. Porque me parecería estúpido además, que alguien intentara refutar mis argumentos esgrimiendo los suyos, para convencerme de algo contrario a lo que siento: los sentimientos no se refutan con lógica alguna, ni son interferibles con sentimientos de diferente polaridad. Los sentimientos se respetan, y al carajo.
En ningún jodido lugar está escrito que la vida sea bella. Que valga la pena. Que tenga sentido. En ningún puto lugar del afuera hay algo escrito.
La vida puede ser hermosa para quien así la vea o la sienta; vale la pena para quien desea algo y lo consigue; tiene sentido para quienes se lo buscan y lo encuentran.
Yo, siempre en la orilla de la nada, no siento la necesidad de dibujar una irrealidad que no percibo con ningún sentido, y creerla real. No me jodan..! no estoy dispuesto a engañarme más: no soy fácil de engatusar, y autoembaucarme me demandaría demasiada energía (energía que no tengo ni quiero tener).
Tal vez ocasionalmente, cuando no puedo evitarlo, sea deshonesto con los demás; pero me niego a serlo conmigo mismo. NO ME GUSTA ESTA FARZA Y ESPERO QUE TERMINE PRONTO. THAT'S ALL.
28/07/2012
minimalstory
Todo estaba en orden aquella tarde. Nada alteraba la rutina dominguera: sentado frente al monitor, secuestrada mi mente por algún banal artificio de bits, seguramente no noté las gotas de lluvia en el vidrio de la ventana.. siempre cerrada a mi izquierda. Mi mujer mirando alguna película en el dormitorio, mi hija vayaunoasaberdónde.. mi hijo jugando con la Play.. no, definitivamente nada extraño.. excepto por un imprevisto suceso que habría de cambiar mi vida para siempre: de pronto me encontré en el desolado andén de una estación irreal.. "Será que está por llegar un tren", pensé. Y aún así todo parecía normal cuando escuché la sirena y el barco amarró ante mis ojos, desorbitados. "Te estaba esperando desde ayer, o desde el comienzo de la eternidad creo", susurró ella desde la cubierta, mientras me tendía la mano para que abordara el sueño más maravilloso jamás imaginado por hombre alguno..
Casi un año después, desperté insolado en un banco del andén, con ratas de bodega caminando sobre mí..
Gus
¿Mini-relato? Tal vez: creo que excede las dimensiones de lo que a uno le sugiere el prefijo "micro", aunque no estoy seguro, así como en la vida no estoy seguro de nada, y en el ámbito de las letras encapsuladas en formatos, menos: tan sólo las disparo algunas veces, las dejo fluir otras, pero desconozco los nombres de los moldes. Como debe ser: en la cocina, un bizcochuelo se hace vertiendo los ingredientes en un bowl.. en la narrativa y la poesía es al revés: debiera dejarse que las palabras que brotan de un descontrol intelectual, sean las que den forma y nombre al continente..
Casi un año después, desperté insolado en un banco del andén, con ratas de bodega caminando sobre mí..
Gus
¿Mini-relato? Tal vez: creo que excede las dimensiones de lo que a uno le sugiere el prefijo "micro", aunque no estoy seguro, así como en la vida no estoy seguro de nada, y en el ámbito de las letras encapsuladas en formatos, menos: tan sólo las disparo algunas veces, las dejo fluir otras, pero desconozco los nombres de los moldes. Como debe ser: en la cocina, un bizcochuelo se hace vertiendo los ingredientes en un bowl.. en la narrativa y la poesía es al revés: debiera dejarse que las palabras que brotan de un descontrol intelectual, sean las que den forma y nombre al continente..
microcuento
Había una vez una hoja en blanco, desvaída ciega estanca otoñal a merced de la brisa más perversa que sesgó el rumor tibio de todo volviéndose nada, y súbitamente bramó FIN.
Gus
Gus
NEGRA LUZ
La noche y su luz
oscura
que al ocultar revela
lo que el sol, clown aturdido,
oscura
que al ocultar revela
lo que el sol, clown aturdido,
transfigura
deslumbrando
silencio de estrellas
que lo dicen todo
la luna, sólo un dibujo
la vida duerme pero yo no
yo soy solo un retal de cielo
azulnegruzco
surcado por líneas invisibles
y es ahí,
donde mueren los colores,
que encuentro un destello
en el deslinde..
cierro mis ojos y
nada es todo, queda tanto por ver
aun..
Gus
deslumbrando
silencio de estrellas
que lo dicen todo
la luna, sólo un dibujo
la vida duerme pero yo no
yo soy solo un retal de cielo
azulnegruzco
surcado por líneas invisibles
y es ahí,
donde mueren los colores,
que encuentro un destello
en el deslinde..
cierro mis ojos y
nada es todo, queda tanto por ver
aun..
Gus
Descubrimiento
A veces pasa que leemos una frase, un pensamiento ajeno, y superficialmente estamos de acuerdo; nos pega, nos sentimos identificados, lo repetimos como pelotudos por años.. hasta que un día pasa ALGO en nuestras vidas.. (algo, un simple algo, que no necesariamente debe ser explosivo o trascendental) ..y entendemos el verdadero sentido de eso que estuvimos repitiendo como idiotas sin comprenderlo en realidad. Es entonces cuando nos damos cuenta de que ni estamos de acuerdo ni nos identifica.
Me pasó ayer: comprendí visceralmente un reflexión (de ahora en más, "endeble especulación") de Fernando Pessoa que siempre me inquietó, y sentí que aunque no la considero una absoluta estupidez, tampoco creo que sea una verdad concluyente.
"Nunca amamos a nadie: amamos, sólo, la idea que tenemos de alguien. Lo que amamos es un concepto nuestro, es decir, a nosotros mismos." (Fernando Pessoa)
Hace algunos días, sin tener en mente siquiera una palabra de lo dicho por Pessoa, escribí este sentimiento:
"No se si te amé como hubiera querido o si lo que más amé fue ser ese hombre en que me convirtió tu amor.. Si fue así, me amé a mí mismo.. Creo que soy una basura. Sin embargo el prodigio sí estuvo en tus manos, que aun amo con locura, mi maga.. y las historias en la vida son como las obras de arte.. nunca se terminan: se abandonan. Pero yo no puedo dejar esta historia así.. no mientras el tiempo se niegue a borrarte de mi corazón y siga tallando nuestra casa en un bosque verde indestructible que.. aún está viva en mi."
..y ayer, caminando bajo el sol de la mañana, me asaltó la sed de analogía.. etc.
Entonces creo que..
Algunas veces confundimos un "otro sentimiento" parecido al amor con verdadero AMOR: creemos amar a alguien cuando en realidad lo único que estamos amando es ser ese ser en que nos transforma el amor de la persona supuestamente amada. Cuando eso sucede, aún de manera inconsciente estamos usando cochinamente el amor recibido (que suele ser real y puro porque si no no sirve para el fraude) como alimento del propio ego y.. sí, eso es una retorcida manifestación de amor a uno mismo.. más que de AMOR recíproco que va y viene por la misma timeline con la misma mágica intesidad.
Gus
Me pasó ayer: comprendí visceralmente un reflexión (de ahora en más, "endeble especulación") de Fernando Pessoa que siempre me inquietó, y sentí que aunque no la considero una absoluta estupidez, tampoco creo que sea una verdad concluyente.
"Nunca amamos a nadie: amamos, sólo, la idea que tenemos de alguien. Lo que amamos es un concepto nuestro, es decir, a nosotros mismos." (Fernando Pessoa)
Hace algunos días, sin tener en mente siquiera una palabra de lo dicho por Pessoa, escribí este sentimiento:
"No se si te amé como hubiera querido o si lo que más amé fue ser ese hombre en que me convirtió tu amor.. Si fue así, me amé a mí mismo.. Creo que soy una basura. Sin embargo el prodigio sí estuvo en tus manos, que aun amo con locura, mi maga.. y las historias en la vida son como las obras de arte.. nunca se terminan: se abandonan. Pero yo no puedo dejar esta historia así.. no mientras el tiempo se niegue a borrarte de mi corazón y siga tallando nuestra casa en un bosque verde indestructible que.. aún está viva en mi."
..y ayer, caminando bajo el sol de la mañana, me asaltó la sed de analogía.. etc.
Entonces creo que..
Algunas veces confundimos un "otro sentimiento" parecido al amor con verdadero AMOR: creemos amar a alguien cuando en realidad lo único que estamos amando es ser ese ser en que nos transforma el amor de la persona supuestamente amada. Cuando eso sucede, aún de manera inconsciente estamos usando cochinamente el amor recibido (que suele ser real y puro porque si no no sirve para el fraude) como alimento del propio ego y.. sí, eso es una retorcida manifestación de amor a uno mismo.. más que de AMOR recíproco que va y viene por la misma timeline con la misma mágica intesidad.
Gus
Fuckbus
Fb es un parque de diversiones que seduce con laberintos de espejos astillados, trenes fantasmas sin estaciones, pitonisas que leen el futuro aunque jamás se cumplan sus vaticinios, vertiginosas montañas rusas made in China, pulpos voladores y sombrillas que dejan pasar los rayos del sol.. ilusionistas que desilusionan, latas amaestradas para no caer jamás simultáneamente, flores aztecas, mujeres que se convierten en simios (y viceversa), tiovivos sin sortija, promesas de maravillas que jamás anidarán en nuestras manos.. Mundo de ficciones.. a veces "vivibles" como si fueran reales.
No es la mía.. no me va, no me engancho en ese trip, no subo a esa autopista endemoniada que lleva a ninguna parte.. en el mejor de los casos. Aunque a veces esté ahí sin estar..
Gus
(A bus, in computing, is a set of physical connections -cables, printed circuits, etc.- which can be shared by multiple hardware components in order to communicate with one another.)
La herida de Paris
En la mitología griega, Paris (también llamado Aléxandros, "el protector del hombre") fue un príncipe troyano, conocido como "El de la hermosa figura" (no confundirlo con la capital francesa ni con un virus informático o malware: este troyano no es peligroso, no jode.. pueden abrir el video tranquilos).
Cuenta la leyenda que el chabón (Paris) le hizo la mujer a un rey espartano.. Menelao (o algo así). Aprovechando un viaje de este, se la llevó en su barco junto con las riquezas del marido guampeáo. No queda claro si fue rapto o si la sedujo.. aunque se hable de secuestro, porque ya sabemos que la historia la escriben los que ganan, y bien podría ser que Helena (así se llamaba, ¿les suena? sí, la mismísima) se hubiera pirado con Paris por su propia voluntad y posteriormente se inventara lo del rapto para limpiar su imagen, o la de Menelao.. que con ese nombre difícilmente no fuera cornudo. Este puterío habría dado origen a la Guerra de Troya: cuando Menelao regresó de su viaje y descubrió lo sucedido, armó una poderosa flota para conquistar Troya y recuperar a la mina. Ahí estalló el quilombo. En plena guerra, Paris, que era bueno con el arco y la flecha, retó a Menelao: quien ganara se quedaría con Helena.. Paris resultó herido casi de muerte, pero zafó porque lo ayudó Afrodita (¡¡¡¿?!!!).
El fin de Paris da pa' una novela shakespeareana.. Según la mitología, un tal Filoctetes le disparó una flecha mortal con el arco de Heracles. Algunas versiones hacen pensar que el príncipe murió ahí nomás, al toque; pero otras cuentan que pudo huir mal herido y envió un emisario a la morada de su primer amor, Enone, la única que podía salvarlo. Según esta versión, la ninfa se negó a curarlo en un primer momento, pero arrepentida salió en su búsqueda y.. no llegó a tiempo: Paris había muerto. Entonces Enone, paradigma de la histeria, se suicidó arrojándose sobre la pira en la que era incinerado su amor.. joder..!!
Esta info es para quienes no conozcan la historia y confundan al príncipe de Troya con la "ciudad luz": la herida alude al flechazo.. no vayan a pensar en un derrumbe de la Tour Eiffel sobre le Champ-de-Mars, abriendo una zanja en el piso..
Lenta bruma cansada de dar al muelle
no veo paisajes más que este mar
que su viento devuelva la vida y la calma
que vea sus barcas volver de luz.
Tu sombra hiende la distancia
es cómo un pétalo de sal
y tu mirada me saca el aire
será la herida de Paris.
Piedra y ala de láser y de misterio
tu rayo me quita la soledad
que será de tu viejo navío blanco
sabrás devolvermelo de luz?
Hoy que veo más sombras que nada
tu dulzor me haría reír
tu corazón desnuda fuego
será la herida de París.
Tu sombra hiende la distancia
es cómo un pétalo de sal
y tu corazón vence las ruinas
será la herida de París.
Gus
Tu sombra hiende la distancia
es cómo un pétalo de sal
y tu mirada me saca el aire
será la herida de Paris.
Piedra y ala de láser y de misterio
tu rayo me quita la soledad
que será de tu viejo navío blanco
sabrás devolvermelo de luz?
Hoy que veo más sombras que nada
tu dulzor me haría reír
tu corazón desnuda fuego
será la herida de París.
Tu sombra hiende la distancia
es cómo un pétalo de sal
y tu corazón vence las ruinas
será la herida de París.
Gus
Pinceladas porteñas
El norte llueve aquí
aquí donde no puedo respirar
despacio la luz de tu piel se despereza
y es solo un valle de sal..
me envuelve en la hiedra del tiempo
agazapado No se atreve a pasar
Tiempo fatal
maldito
sentado en el andén, y yo..
aferrado a mi lazarrillo ciego
sé que nada nacerá..
20 de julio 2012
Ella es diluvio de luz
magia que derrite las nieves
de la galaxia
yo una postal de pasado
instante eterno de vacío
infinito
feroz lobo de la luna
no veo más que cenizas
de cielo
un sueño de estrellas
evanescentes en el final
y es esto una larga despedida
de todo resplandor:
la lluvia cae con dolor
es lágrimas de un Dios
indeciso
que no se atreve a vivir
ni a morir..
20 de julio 2012
Bocas del mal en tu corazón
herido
¿volveré a ver esos ojos
de sol brillando para mí?
¿me devolverán la mirada
perdida?
Este día es una larga noche
un alud de perros de celofán
la inquieta quietud nunca deja
de acechar
como piernas de pantano
que todo lo devora
No estoy acá
ni allá ni en ningún lugar
es esto un limbo fatal y yo..
no oigo ya siquiera
ecos de nada..
24 de julio 2012
Desconfío de las esquinas
donde dobla el viento
de las lluvias horizontales
de la magia y las estrellas
azules en un mundo byn
dame un sol agostado
una daga incandescente
una noche de amor
un largo flash de desamor
un soplo de final..
perder es ganar sin delay
ya no espero
ni aguanto más
esta sed de colores que no están
los jazmines se marchitan
las madreselvas lloran martes
San Francisco sigue ahí
jugando a las escondidas
con pájaros de ceniza
que alguna vez cantaron
en aquellas jaulas vacías
El tiempo se murió
a destiempo..
y mis pies se queman en el pasto
de la eternidad
amén
25 de julio 2012
es medianoche en mediavida..
(5 de octubre de 2011)
atesoro un Cricket negro que ya no enciende, un frasco de Tokyo by Kenzo que vacié en el inodoro, el CD de un chino que me regalaste aquella noche (lo habías comprado para mí antes de conocernos!!), dos ejemplares en perfecta armonía de algo muy preciado.. un triángulo de algodón azul estampado en las pupilas, agujereado como el alma después.. una visión fatal clavada en el cuello, la luna jugando a las escondidas en la torre de San Francisco de la esquina.. escarcha de madreselvas, tu piel dibujada en la mía, tu patio en las mareas del tiempo.. tu nuestra cama sin mí..
tengo el boleto de regreso a nunca más en un bolsillo, las huellas de tus dedos en el otro..
corazón tempestad.. corazón desmesura..
esta noche voy a devorar mi cordura
después de todo, sólo queda nada..
y ya no tengo palabras, las gasté en el umbral de las tinieblas..
noche de fantasmas nada etéreos.. sombras que me envuelven como lava de un volcán de otros cielos.. no estoy acá, ni allá, ni en ningún algo..de nada......
no sé si volveré a dormir.. ¿será que tu fulgor se llevó mi sueño para siempre? ..saldré al tejado como gato de la luna, caminaré por la cornisa hasta no ver.. se me cruzará una esquina sin San Francisco y.. otra vida menos......
nunca entendiste mis respuestas porque nunca entendí tus preguntas..
si alguna vez te vuelve a poseer la tentación de despertar a un muerto, pensálo tres veces y.. tratá de estar segura de que no te vas a asustar y salir corriendo después.. es una inmoralidad andar por la vida jodiéndole la muerte a la gente..
todo bien nena, pero.. cansada de besar sapos que no se convirtieron, me besaste príncipe y ahora.. rescatáme por favor, ya no me banco más chapalear en este estanque de agua turbia y de miseria..
ya no sé por qué te amo así.. no sé siquiera por qué te amo todavía... ¿existe prueba más poderosa de que te amo?
sólo le pido a esta noche un sueño.. quiero tus manos, tus dedos en mi pelo, los míos en tu cuerpo buscando la sortija de la vuelta infinita y tu voz.. tu voz diciéndome "te amo te sigo amando no puedo dejar de amarte mi maldita condena.. te creo, te creo.. volviste a matar mis miedos o simplemente soy una idota pero quemo otra vez mi barco y es la cruz del sur que arde en la noche de nuestro jardín.. ese que riego descalza al atardecer.."
mirando al sur.. completamente ido, ausente, todo con dos puntos.. finales..
ecos
anoche es Hoy
es mañana La eternidad
desnuda en altamar bajo la almohada
donde cantan los demonios
no se ya si la luna talla
senderos con su luz inquieta
al partir Soy un haz
de color Tristeza
de ausencia que sos vos
vos como yo
amor en guerra en llamas
pesadilla Atroz espasmo
que me lleva
profundo hacia la nada y es ahí
donde mueren los cielos
caidos al fin
es mañana La eternidad
desnuda en altamar bajo la almohada
donde cantan los demonios
no se ya si la luna talla
senderos con su luz inquieta
al partir Soy un haz
de color Tristeza
de ausencia que sos vos
vos como yo
amor en guerra en llamas
pesadilla Atroz espasmo
que me lleva
profundo hacia la nada y es ahí
donde mueren los cielos
caidos al fin
opcional:
anoche es Hoy es mañana La eternidad desnuda en altamar bajo la almohada donde cantan los demonios no se ya si la luna talla senderos con su luz inquieta al partir Soy un haz de color Tristeza de ausencia que sos vos vos como yo amor en guerra en llamas pesadilla Atroz espasmo que me lleva profundo hacia la nada y es ahí donde mueren los cielos caidos al fin
Gus
verdegris
vi muchas lluvias y.. cuando ahogaron mis ojos las vi también con mi piel..
quisiera llover.. sí mi amor, quisiera ser lluvia para entrar
disfrazado de agua y sal
en tu jardín..
caer como astillas de cielo
que se instalan en el verde de una foto en blanco y negro
la magia tiene esas cosas.. nuestro pasto será siempre verde..
a veces pasa que alguna nubareda oscurece a destiempo el día.. son sólo acuarelas que se ciernen como un oráculo en esa telacielo que me resisto a mirar.. tanta sorpresa asusta a veces..
volverán las mañanas de la noche
volverán los sueños ya soñados
volverá la magia de esos amores eternos
que no entienden de nunca más..
quisiera llover.. sí mi amor, quisiera ser lluvia para entrar
disfrazado de agua y sal
en tu jardín..
caer como astillas de cielo
que se instalan en el verde de una foto en blanco y negro
la magia tiene esas cosas.. nuestro pasto será siempre verde..
a veces pasa que alguna nubareda oscurece a destiempo el día.. son sólo acuarelas que se ciernen como un oráculo en esa telacielo que me resisto a mirar.. tanta sorpresa asusta a veces..
volverán las mañanas de la noche
volverán los sueños ya soñados
volverá la magia de esos amores eternos
que no entienden de nunca más..
Cuentos de terror
Voy a obviar los detalles épicos: algunos no podría recordarlos aunque quisiera, y otros prefiero olvidarlos. Sólo me propongo hacer una reseña macabra, narrando esas pequeñas historias en las que fui presa de miedo extremo cercano al terror.
Atardecer de un día de semana de… 1976 (¿o ’77?). Héctor, Fino y yo caminábamos por la Av. Corrientes. De repente se detiene frente a nosotros un Torino marrón (como para romper la rutina de los Falcon verdes, vió?). Eran cuatro. Los dos que iban en el asiento trasero se bajaron, y nos invitaron a subir. Sin decir nada, el conductor arrancó y encaró derecho hacia el Bajo, echando putas. El otro, una alimaña repugnante, empezó a hablar pero no nos informaba a dónde íbamos (ni por qué: en esos tiempos no existían derechos básicos, como el de no ser privado de la libertad sin razón alguna). El chabón era irónico y hacía gala de un humor bastante denso, pero no preguntaba mucho: estaba claro que el interrogatorio vendría después, indoor. Sin embargo no paró de hablar en todo el trayecto, y entonces nos fuimos enterando de los por qué de la detención. Lo que les disgustó en cuanto nos vieron fue el largo de mi cabello y la musculosa de Fino. Primero, dirigiéndose a mí, mandó una que lo resumía todo: “flaco… ¿por qué usás el pelo así, sos boludo?, si no te lo cortás te vamos a llevar a cada rato.” Después lo miró a Fino con asco (la cana del Proceso tendía a pensar que era puto), le dijo algo sobre la remera (musculosa y de colores), y dirigiéndose a ambos (Fino & me), mandó un resumen de la doctrina castrense: “¿no saben que el General Videla dijo que a la Junta no le gustan esas cosas?” (SIC, lo recuerdo como si lo estuviera oyendo). Tras esa frasecita, lo miró a Héctor y le dijo “y vos sos un pelotudo por andar con estos dos, te la estás comiendo de arriba”. Al llegar a Eduardo Madero, el silencioso conductor dobló a la derecha, siguió unas cuadras a alta velocidad, y recién cuando llegamos a destino nos enteramos de que se trataba de la Brigada de Toxicomanía. Tras un ingreso bastante irregular si lo comparamos el procedimiento de rutina en comisarías de la Federal (ya que no nos revisaron ni nos despojaron de pertenencias, ni de cinturones y cordones de zapatillas), nos tuvieron guardados cerca de seis horas en una habitación mugrienta, separada por un delgado tabique de madera de otra más grande que era algo así como la "recepción", y en la que había unos veinte encanados más, hombres y mujeres, todos jóvenes, la mayoría de aspecto rocker o hippón. De más está decir que la pasamos bastante mal. Escuchábamos que iban llegando más detenidos, y no entendíamos por qué los dejaban afuera: los únicos aislados éramos nosotros.. El lugar era sórdido al mango, re pesado. No nos pegaron, pero entre insultos y burlas también recibimos amenazas, y no solo de palabra: en un momento entró uno con look para nada policíaco (pelo tirando a largo, aro en una oreja, tal vez se creyera Sérpico) y empezó a amagar patadas y otras figuras de artes marciales. Lo peor fue cuando nos sacaron del privado para llevarnos al piso de arriba para interrogarnos individualmente y por separado: guiándonos hacia el lado de la salida, el hijo de puta dijo “vamos mierda, ahora se van a ir…”, pero al llegar al pie de una escalera soltó una carcajada y agregó, gritando como energúmeno, “se van a ir en sangre, porque los vamos a reventar..” Arriba, uno que parecía ser el jefe, secundado por dos o tres monos, todos camuflados como para no parecer ratis en la vía pública, preguntó, amenazó, insultó, y ordenó “que los lleven abajo, ya veremos que hacemos”. Volvimos a ese cuarto siniestro, en el que solo había una heladera vieja desenchufada, un slip manchado tirado en el piso sucio, y un graffiti de mensaje ambiguo y poco alentador: “ACÁ TODO PASA”. Al cabo de unas horas se abrió la puerta, y el bastardo se sorprendió de vernos ahí, “che ¿y esto?”, gritó dirigiéndose a alguien que, evidentemente, debió haber decidido nuestra suerte un rato antes. “UUUh, me olvidé, traélos”, respondió una voz desde lejos. En la oficina de guardia, prodigándonos más insultos, nos hicieron firmar en un libro gordo, seguramente de registro, y nos despidieron con un “vamos, vamos, salgan rápido antes de que me arrepienta.”
Otra. Tarde del ’76. Parque Pereyra, Barracas. Eramos varios y estábamos sentados sobre el pasto, cerca del “lago”. No recuerdo si estaban Gabriela y Miriam (creo que si). De repente vemos que un patrullero de la Federal se mete dentro del parque y enfila derecho hacia nosotros. “Documentos”, la huevada de siempre, y “vos vení” (“vos” era yo). Creo que nunca tuve tanto miedo. Me llevaron solo, a pasear en patrullero. Fue un largo interrogatorio ambulante: media hora dando vueltas (media hora que en tal situación se hace eterna), primero por Barracas, después por el puerto de La Boca. Las preguntas eran puntuales, el tema era drogas. Yo les decía que no sabía nada de nada, pero mi respuesta no les cabía, insistían y amenazaban constantemente, seguían apretando y se me cagaban de risa, “flaco… en la Facultad de Ingeniería hay falopa, y vos pretendés que te crea que no conocés a nadie ni sabés nada…” En un momento se detuvieron frente a una casa vieja en La Boca , como insinuando que me iban a llevar adentro, y uno (el más mal parido) me dijo “mirá pibe, no seas pelotudo, no te hagas golpear al pedo, decí todo lo que sepas y te vas”. Estaba re cagado, de repente lo trataba de usted, de repente lo tuteaba, “mirá, te estoy diciendo la verdad, no ando en nada ni conozco a nadie que ande en nada”. Al final parece que lo convencí: arrancaron, y a las pocas cuadras me liberaron, no sin antes prometer que “nos volveremos a ver”…
Una noche del '76 (o '77) frente al obelisco tuve bastante miedo. La cosa duró poco, y resultó más leve de lo esperado por como pintaba, pero igual fue desagradable. Creo que estábamos los del grupo… “de los seis”. Paró un celular (mal indicio), y nos hicieron subir. No pasó nada, apenas un par de preguntas y fuera. Pero eran muy agresivos, violentos y amenazantes. Creo recordar algún sopapo, pero a un desconocido que estaba en el camión cuando subí.
Tenía 20 pelotudos años en 1978. Poco después del mundial, madrugada de un lunes, salida de Lagar del Virrey, dancing de Recoleta (o por ahí). Eramos Fino, un tal Charly (el pelado, amigo de Mariel) y yo. Treinta años después, no encuentro una puta razón para haber estado ahí esa noche: nunca me gustaron los boliches, y en esa época menos. Supongo que fui porque estaba medio regado: el domingo a la tarde había tomado whisky en una confitería de Primera Junta (no pregunten, no importa). Después, ya chupado, me mandé a la casa de Mariel. Al rato apareció Fino, y se empezó a tejer la telaraña. No estaba en mis planes ir a ese lugar de mierda, pero creo que Mariel y una tal Graciela ("el Ratón", según Pablo el Cordobés después de que lo cagara una noche, haciéndolo ir al pedo a un boliche) insistieron. Fino se entusiasmó con la idea (le gustaba bailar), y rompió las bolas para que le hiciera gamba. Then, alpedísimo como tantas veces, transé y fui. Descarto la suposición de que me movieran intenciones de mandar una con el Ratón, porque estaba borracho pero sabía con qué buey araba: en un boliche yo jugaba de visitante, sapo de otro pozo, no tenía plata ni auto... and so mis chances eran nulas (la chica había sido clara: no lo quiero de novio ni en las dancing nights, sólo para cojer en la semana). Una vez adentro, para soportar el lugar y la situación, me chupé mal, whisky con vodka y Gancia, y obviamente terminé en un pedo más o menos importante. Recuerdo que en un momento me sentí muy mal, destruido, y casi me desmayo: todo daba vueltas en sincronía con las bolas de cristales del techo, se me nubló la vista (o veía el mundo del color de las luces negras), y tuve que apoyarme contra una pared para no caer. Pero enseguida controlé ese estado desagradable, me recuperé, y seguí tomando. Mariel y el Ratón, vaya uno a saber dónde estaban. Fino… con el pelado. Y yo deambulaba solo por ahí, aturdido. Me sentía una porquería imposible. Daba vueltas sin saber dónde ubicarme, y de repente estaba hablando con una niña que me puso el índice en el pecho y se ofreció a... ayudarme (¿¿¿???), pero de pronto mandó algo así como "estás mejor... vamos a bailar", y yo no estaba mejor un carajo, "no pendeja, vos sos una... traidora, y yo... yo..." yo nada, no me salían las palabras y me fui al carajo (era muy linda pero algo me asustó).
Al final de una noche para el olvido, salimos del antro y Fino le hizo señas a un taxi que pudo haber sido nuestra salvación. Pero no, el puto de mierda no paró, y años después todavía lo seguiría maldiciendo. Caminamos una cuadra haciala Av. Las Heras, llegamos a la esquina, y ahí nos alcanzaron los muchachos de traje (onda “cieguitos” de los Twist) que habían salido del boliche detrás de nosotros, y creo que corrieron para no perdernos. Yo estaba muy en péu y no sentí miedo en ese momento. Nos pararon, nos revisaron minuciosamente (hasta las zapatillas), y… nada, lo mismo de siempre. A mí no me daban mucha bola, la cosa era con los otros dos. Supongo que al no haberme visto en movimientos sospechosos adentro, decretaron que yo estaba mamado y nada más. Me preguntaban si Fino era puto (en esa época hacer del propio culo un pito era delito, atentaba contra la moral y las buenas costumbres), y querían saber “quién trajo la falopa”. Yo había estado toda la noche en la mía, sin saber qué hacía Fino, y la verdad es que no entendía de qué hablaban esos canas parásitos. Pero ante tanta insistencia, me acordé de un maneje entre Fino y el pelado en el baño… y me empecé a preocupar, porque pasaban los minutos y los tipos seguían ahí, presionando. Al final, antes de dejarnos ir, nos secuestraron los cigarrillos al pelado y a mí, diciendo que los iban a analizar en el laboratorio (hijos de puta, fumaban de arriba), y lo peor de todo: anotaron las respectivas direcciones (a mí me incautaron una tarjeta personal). Esto último me mató: por un par de años no pude dejar de pensar que esos soretes tenían mi dirección como dato obtenido en un procedimiento.
Obviamente los tipos no eran idiotas: Fino y el pelado habían estado haciendo intercambio farmacológico en el baño, pero como seguramente no querían armar bardo dentro del boliche, nos siguieron a la salida.
Al final de una noche para el olvido, salimos del antro y Fino le hizo señas a un taxi que pudo haber sido nuestra salvación. Pero no, el puto de mierda no paró, y años después todavía lo seguiría maldiciendo. Caminamos una cuadra hacia
Obviamente los tipos no eran idiotas: Fino y el pelado habían estado haciendo intercambio farmacológico en el baño, pero como seguramente no querían armar bardo dentro del boliche, nos siguieron a la salida.
La noche del ’77 que nos llevaron a pie de La Paz a la 5º no fue agradable, pero la verdad es que no sentí más miedo que el mínimo razonable. Eran canas de civil, pero de una nos llevaron a una comisaría, y en cuanto entramos presentí que se trataba de una racia de rutina con fines de identificación, y nada más: no parecía haber peligro. El hecho de que nos alojaran en un calabozo con borrachos, cirujas y otros perejiles como nosotros lo confirmaba.
No me parece justo pasar facturas, porque todos lo que la vivimos sabemos que en esa época te encanaban sin razón, simplemente porque no les gustaba tu cara o porque tenían que cumplir con un cupo de detenciones por día, pero... el cordobés, violento por naturaleza, se zarpó innecesariamente. Paso a relatar. Cuando entramos al bar La Paz, había un operativo. Eran canas de civil, y por eso no nos avivamos antes. Uno le puso la mano en el pecho a Pablo, para que se detuviera, y el boludo se la sacó con un golpe. Ahí cagamos, marchen presos...
La nota graciosa estuvo a cargo de Pete (el amigo de Hector que era un clon de Pete Townsend, de los Who): en el calabozo no había baño, y cuando le dieron ganas, gritaba por la ventanita de la puerta "¡sargento, mear!"
No tiene nada que ver con el terror, pero quiero decir que esa tarde me había comprado Romantic Warrior, que era nuevo…
Yo, como muchos de los que no la pasaron peor, la pasé bastante mal durante la dictadura. Pero parece que esos señores nunca me vieron cara de peligroso, porque jamás me interrogaron acerca de cuestiones más densas: siempre jodían con la facha, el pelo, las drogas… Por suerte.
No estaría completa una reseña de los más grandes miedos en mi vida si pasara por alto los que sufrí cuando parecía que se iba a pudrir todo con Chile (por esas islas de mierda), y durante la guerra de Malvinas. Aunque no se por qué, tuve mucho más miedo ante la posibilidad de una guerra con los chilenos que cuando el maldito alcohólico tomó las Malvinas. Estaba aterrado, ya que a pesar de no tener instrucción militar, mi edad era la de ir al frente llegado el caso. Pensé en huir a la Banda Oriental , o conseguir que me internaran en el Borda, y no habría dudado en hacerme romper el culo si eso me hubiera garantizado ser descartado por el ejército como eventual efectivo de reserva. En cambio cuando comenzó lo de las Malvinas, no tuve tanto miedo: sabía que tras la ocupación de las islas, el conflicto habría de durar lo que tardara en llegar la flota inglesa para recuperarlas, y en ningún momento pensé en una guerra larga que demandara al Ejército Argentino la incorporación de reservistas con una mínima instrucción de emergencia.
Después, ya en democracia o casi, viví tres situaciones de mucha tensión gracias a Gillian. Seguramente no corrí ni ahí el riesgo que años antes conllevaba una simple detención de rutina policial, pero igual sentí un terror paralizante: tal vez no me fueran a "desaparecer", pero pude haber quedado pegado por consumo y portación de bonitas flores verdes.
Va la primera. Aun sabiendo que a mí me ponía de la nuca, Gillian tenía la puta costumbre de armar en el auto. Jamás pude conseguir que dejara el pedazo en su casa y llevara sólo uno o dos fasos armados. Creo que la guacha me lo hacía a propósito, sacaba el envoltorio y se ponía a armar en cualquier parte, en pleno centro por ejemplo, mientras yo manejaba. La noche en cuestión íbamos por Brasil (creo) hacia el Bajo. Al llegar a Ing. Huergo doblé y… toda la cana toda, cortando la avenida y parando autos, bruto operativo y nosotros… fumando, Gillian con la pelota de papel de diario todavía en la mano, clavándose una seca, y en el auto toda la baranda... En un instante pasaron mil cosas por mi cabeza, me sentí paralizado por el miedo. Supongo que me habré puesto blanco, o verde, o no sé de qué color. "Dame el faso", le dije, y sólo atiné a tratar de morfármelo… pero no pude: era muy gordo (her style) y mi garganta se cerró. Fue terrible. No me quemé, porque al metérmelo en la boca lo apagué al toque con saliva, pero al intentar tragarlo… no pasó. Fueron apenas unos segundos, pero me pareció una eternidad. Con el charuto dentro de la boca, puse cara de “ni se les ocurra romperme las pelotas, voy en un Falcon blanco”, miré a los canas y esquivé lentamente pero con decisión todos los patrulleros dispuestos en laberinto sobre la avenida. Zafamos, no me pararon. Pocos metros después miré por el espejo retrovisor para asegurarme de que el milagro había sucedido, y “¡concha de tu madre, retardada mental, te tendría que cagar a piñas por imbécil!”, pero no way, se reía, sólo se cagaba de risa… “no loco, vos no creés en mí, ya te dije que conmigo no tenés que tener miedo”, y seguía riéndose.
Otra. Habíamos salido con Sergio Astarita (RIP). Recuerdo que esa noche no tenía ganas de manejar, y le di la llave del auto a Sergio, “manejá vos”. Sólo una difusa imagen del abrigo de Sergio (un sobretodo tal vez) me revela que hacía frío: había estado en cana poco antes, por incidentes con sustancias ilícitas, y para caretear se vestía como un gentleman. Fuimos a un pub nuevo que había en la Boca. Creo que Sergio era uno de los socios, pero no estoy seguro: solo sé que los dueños eran conocidos. De repente entra la yuta, con malas intenciones: se encienden las luces y empiezan a pedir documentos. Yo no debí haberme alterado, porque no estaba en falta alguna, ni siquiera había tomado alcohol… Pero enseguida caí en la cuenta de un par de situaciones… por lo menos comprometedoras. Uno, había dejado los documentos en el auto, y la llave la tenía Sergio. Dos, Gillian andaba como siempre con el mazapán encima. Por suerte no pasó ná: después de molestar un rato a los portadores de las caras más sospechosas, se fueron sin reparar en nosotros.
La última. No se cómo ni porqué, una noche quedé estacionado a una cuadra de la Plaza Matheu (La Boca ), con un desconocido atrás. Gillian , que iba adelante conmigo, se había bajado con un pibe del barrio para encarar la placita, donde estaban los dealers pendejos de la barra brava de Boca, y el otro quedó sentado en el asiento trasero. De repente veo que se aproxima un patrullero, que pasa muy despacio por al lado de mi auto, que para adelante y se bajan… Yo no sabía qué carajo decir, inventé cualquiera, pero ni siquiera sabía el nombre de mi acompañante (una de las preguntas clásicas en tales situaciones era "¿cómo se llama el señor, de dónde lo conoce?"). Estar estacionado en una oscura calle de La Boca a las doce de la noche con un desconocido ya era sospechoso de por sí, pero lo que más me preocupaba era que justo aparecieran Gillian y el otro con la reciente compra… Obviamente no iban a ser tan pelotudos de encarar derecho hacia auto viendo que estábamos en plena tertulia con los amigos azules, pero tratándose de Gillian … cualquier delirio era posible: una noche se fue de compra a una villa cerca del Camino Negro, sola, y como no pasaba ningún colectivo hacia el centro… hizo parar a un móvil de prefectura y les pidió que la llevaran, “vengo de estudiar con una compañera de la facultad, no pasan colectivos ni taxis, este lugar es muy feo y me da miedo…” La acercaron hasta el centro, ella con su pedazo en la cartera, muy entretenida charlando con los milicos… ¿Sentiende?
Gus
(te) cuento..
Una pintura, una escultura, una canción, un poema, un cuento.. nunca se terminan: se abandonan. Así dijo alguna vez García Márquez que mucho antes había dicho un griego de cuyo nombre no puedo acordarme..
Estoy de acuerdo: desde la más sublime OBRA DE ARTE hasta esos "hechos artísticos" de entrecasa, jamás se terminan si el autor no decreta que así sea.. el The End es un acto voluntario, intencional, una decisión que debe tomarse si no se quiere vivir pintando sobre lo pintado, retocando formas en la piedra, cambiando acordes, reemplazando palabras o corrigiendo frases.
Yo decidí que este cuento esté terminado: me dije "basta boludo.. si no te da el cuero para más, dejálo así y al carajo". Soy consciente de que, como a todo escribidor, me resulta difícil evadir esa manía propia del "oficio": no puedo evitar tiempo después corregir incontables veces lo antes escrito.. Pero me rebelé con este cuento, que defino como "terminado inconcluso" y.. es lo que hay.
“Tengo miedo”, me dijo Leonor aquella noche de domingo otoñal en el Parque Lezama. “No sé qué será de ellos cuando entren las máquinas..”. Traté de explicarle una vez más que no había alternativas, que era inútil preocuparse, y como siempre pareció no entender: “sí, ya sé, pero..”.
Había llovido fuerte. La luna proyectaba claroscuros en los charcos, las acacias semejaban presencias inquietantes en la bruma. Caminamos más de una hora sin salir del parque desierto. No había otro tema posible: sólo la puerta, ellos y la demolición. Al final, tras escuchar con atención sus lógicas razones, comprendí que lo de Leonor no era sólo preocupación, sino verdadero temor, y lo sentí también: un escalofrío me recorrió la espalda. En ese momento supe que estábamos atrapados para siempre.
La vieja casona de la calle Herrera había pertenecido a la familia de Leonor desde fines del siglo XIX, cuando el bisabuelo Arturo cobró unos buenos pesos por servir a la patria, y pudo comprarla. Ahora, sin más explicaciones que un lacónico discurso del intendente de la ciudad hablando del sacrificio de algunos en pos del progreso del municipio, se anunciaba la demolición de veinte manzanas para dar paso a la moderna autopista que dejaría sin casa a muchas familias. “El viejo Arturo no podrá soportar esto, seguro que se mete un tiro en el paladar”, pensó Leonor en voz alta. “¿No es eso lo que hizo hace sesenta años?”, pregunté extrañado. “Sí, pero lo hizo por cuestiones de honor”, respondió Leonor, y cambió de tema. Hasta donde yo sabía, el viejo se suicidó sin motivos: en lo que pareció un simple rapto de locura, salió al balcón vistiendo su vieja chaqueta de coronel y gritó “¡viva la patria carajo, esta me la pagan, maricones hijos de puta!”. Llevaba la escopeta cargada, tal vez con intenciones de disparar al aire para hacerse notar, y nunca se llegó a saber el motivo de su enojo: cuando descubrió que estaba en calzoncillos, se metió la punta del caño en la boca y tiró del gatillo.
Era tarde. Acompañé a Leonor hasta la casa, pero no entré. Tras seis años de noviazgo, nuestra comunión era sincera y profunda. Nos queríamos, entre nosotros no había secretos ni zonas oscuras.
Leonor vivía con su madre viuda y sus dos hermanos. La casa era demasiado grande para tan pocos habitantes, por lo que la expropiación parecía más una solución que una contrariedad para ellos. Pero.. ¿qué pasaría con los del otro lado? Eso sí era un problema. Y aunque en todo caso no era ella quien debía resolverlo, resultaba más que entendible su inquietud: ¿quién podía saber qué harían esos seres impredecibles?
La mañana siguiente fue agitada. Cerca de las diez Leonor me llamó a la oficina y me pidió que fuera, “te necesitamos, en la casa hay un revuelo infernal, el tío Elvio se murió otra vez, lo de siempre, un ataque de asma mientras tocaba el clarinete”. Pedí permiso a mi jefe y salí. En el taxi fui repasando mentalmente la escena que, por repetida, ya me resultaba familiar. Nada grave: al viejo se le iba la mano con la grapa, perdía el spray de salbutamol, y terminaba dejando la vida en un soplido. Pero el caos que se generaba era demasiado para Leonor, que en situaciones así necesitaba mi contención para sobreponerse.
La puerta era de cedro, maciza y con picaporte de bronce. Estaba al final de un pasillo largo, a la salida del comedor principal, y no parecía ocultar nada anormal. De hecho, cualquier visitante ocasional que la abriera sólo vería un oscuro y húmedo cuarto deshabitado, depósito de algunos viejos muebles en desuso y repleto de polvo y telarañas.
La primera vez que entré a la casa, Leonor señaló la puerta y me dijo “ahí no vive nadie, es una especie de desván donde guardamos lo que debiéramos haber tirado hace mucho”, y no sentí curiosidad. Fue después de algún tiempo que empecé a experimentar cierta intriga, que terminó transformándose en una inquietante sospecha: resultaba extraño que Leonor entrara con tanta frecuencia a una habitación abandonada en la que no había nada que hacer. Sus respuestas (“fui a buscar un libro”, “entré a ordenar”, “me pareció escuchar ruido de ratas”) no me convencían: algo estaba pasando detrás de esa puerta que comenzaba a perturbarme. Además, no era Leonor la única: todos los habitantes de la casa entraban y salían de esa habitación con absoluta naturalidad. Pero algo me decía que no era prudente hacer preguntas al respecto; o que, en todo caso, sería inútil: invariablemente Leonor insistiría con las evasivas. De cualquier manera, no me parecía que valiera la pena darle demasiada importancia al asunto: por ese entonces creía que detrás de la puerta sólo había un cuarto lleno de cachivaches, insectos y moho, y que el apego de Leonor a ese sombrío recinto era una manía inofensiva.
Al llegar a la casa aquella mañana encontré el despelote habitual en esos casos. La vieja Justina lloraba a moco tendido mientras Pablo, indolente, desempolvaba las copitas de licor. María de los Milagros le gritaba “¡puta de mierda, mal nacida!” a Josefina la criada, adivinando en sus lágrimas un amor oculto desde siempre, tal vez temiendo que hubiese sido correspondido alguna noche de desvelo en las galerías del fondo, y Nicanor espantaba a los perros empecinados en orinar las columnas de alpaca sobre las que descansaba el féretro. Era siempre lo mismo, cuando alguno de los del otro lado moría se convulsionaba todo, como si se tratara de algo irreversible. “Extraña conducta la de estos seres”, pensé una vez más. Pero a esa altura ya sabía que nada en ellos debía sorprenderme demasiado: su naturaleza los volvía esquivos a cualquier intento de análisis racional que se sostuviera en parámetros sensatos.
Tiempo atrás yo había sido aceptado por toda la familia, con excepción del Coronel Arturo Llanes, que nunca se dejó ver. Creo que yo no le simpatizaba, aunque Leonor dijera que no debía interpretar esa actitud del viejo como desprecio, porque estaba loco desde aquella mañana aciaga en el balcón, “y los locos, ya se sabe, tienen códigos diferentes”.
El gobierno había pagado las casas expropiadas, y los documentos eran claros: el plazo para desocuparlas era de tres meses. Las semanas previas a la mudanza fueron de mucha tensión. Sin embargo detrás de la puerta nada parecía alterarse: la vida normal del otro lado seguía su curso. El ámbito de estos extraños seres permanecía inmutable, como ellos… Éramos nosotros, Leonor y yo, los desquiciados. La incertidumbre tomaba diferentes formas, casi letales. Por momentos era un nerviosismo extremo, que de pronto se transformaba en pánico, y en cualquier caso la angustia nunca cedía.
Una semana antes de la entrega, aun no teníamos decidido qué hacer. Leonor había pensado algunos desatinos, de los que milagrosamente conseguí hacerla desistir, y entonces los Llanes abandonarían la casa por la puerta de calle, como debía ser, dejando la otra puerta en su lugar, a merced de las topadoras.
Llegó el día. Leonor estaba impávida, no demostraba desesperación mientras los changarines cargaban todo en el camión de la mudanza. Recién cuando vi salir a uno de ellos con la puerta sobre los hombros comprendí todo.
Entré a la casa, fui derecho a la habitación sin puerta, y como lo suponía, sólo encontré estantes desvencijados y telarañas. Ni rastros de esos seres del olvido imposible: al fin y al cabo ellos nunca supieron de la demolición de una casa que hacía mucho que ya no habitaban..
Gus 2006 (creo)
Estoy de acuerdo: desde la más sublime OBRA DE ARTE hasta esos "hechos artísticos" de entrecasa, jamás se terminan si el autor no decreta que así sea.. el The End es un acto voluntario, intencional, una decisión que debe tomarse si no se quiere vivir pintando sobre lo pintado, retocando formas en la piedra, cambiando acordes, reemplazando palabras o corrigiendo frases.
Yo decidí que este cuento esté terminado: me dije "basta boludo.. si no te da el cuero para más, dejálo así y al carajo". Soy consciente de que, como a todo escribidor, me resulta difícil evadir esa manía propia del "oficio": no puedo evitar tiempo después corregir incontables veces lo antes escrito.. Pero me rebelé con este cuento, que defino como "terminado inconcluso" y.. es lo que hay.
Detrás de la puerta
“Tengo miedo”, me dijo Leonor aquella noche de domingo otoñal en el Parque Lezama. “No sé qué será de ellos cuando entren las máquinas..”. Traté de explicarle una vez más que no había alternativas, que era inútil preocuparse, y como siempre pareció no entender: “sí, ya sé, pero..”.
Había llovido fuerte. La luna proyectaba claroscuros en los charcos, las acacias semejaban presencias inquietantes en la bruma. Caminamos más de una hora sin salir del parque desierto. No había otro tema posible: sólo la puerta, ellos y la demolición. Al final, tras escuchar con atención sus lógicas razones, comprendí que lo de Leonor no era sólo preocupación, sino verdadero temor, y lo sentí también: un escalofrío me recorrió la espalda. En ese momento supe que estábamos atrapados para siempre.
La vieja casona de la calle Herrera había pertenecido a la familia de Leonor desde fines del siglo XIX, cuando el bisabuelo Arturo cobró unos buenos pesos por servir a la patria, y pudo comprarla. Ahora, sin más explicaciones que un lacónico discurso del intendente de la ciudad hablando del sacrificio de algunos en pos del progreso del municipio, se anunciaba la demolición de veinte manzanas para dar paso a la moderna autopista que dejaría sin casa a muchas familias. “El viejo Arturo no podrá soportar esto, seguro que se mete un tiro en el paladar”, pensó Leonor en voz alta. “¿No es eso lo que hizo hace sesenta años?”, pregunté extrañado. “Sí, pero lo hizo por cuestiones de honor”, respondió Leonor, y cambió de tema. Hasta donde yo sabía, el viejo se suicidó sin motivos: en lo que pareció un simple rapto de locura, salió al balcón vistiendo su vieja chaqueta de coronel y gritó “¡viva la patria carajo, esta me la pagan, maricones hijos de puta!”. Llevaba la escopeta cargada, tal vez con intenciones de disparar al aire para hacerse notar, y nunca se llegó a saber el motivo de su enojo: cuando descubrió que estaba en calzoncillos, se metió la punta del caño en la boca y tiró del gatillo.
Era tarde. Acompañé a Leonor hasta la casa, pero no entré. Tras seis años de noviazgo, nuestra comunión era sincera y profunda. Nos queríamos, entre nosotros no había secretos ni zonas oscuras.
Leonor vivía con su madre viuda y sus dos hermanos. La casa era demasiado grande para tan pocos habitantes, por lo que la expropiación parecía más una solución que una contrariedad para ellos. Pero.. ¿qué pasaría con los del otro lado? Eso sí era un problema. Y aunque en todo caso no era ella quien debía resolverlo, resultaba más que entendible su inquietud: ¿quién podía saber qué harían esos seres impredecibles?
La mañana siguiente fue agitada. Cerca de las diez Leonor me llamó a la oficina y me pidió que fuera, “te necesitamos, en la casa hay un revuelo infernal, el tío Elvio se murió otra vez, lo de siempre, un ataque de asma mientras tocaba el clarinete”. Pedí permiso a mi jefe y salí. En el taxi fui repasando mentalmente la escena que, por repetida, ya me resultaba familiar. Nada grave: al viejo se le iba la mano con la grapa, perdía el spray de salbutamol, y terminaba dejando la vida en un soplido. Pero el caos que se generaba era demasiado para Leonor, que en situaciones así necesitaba mi contención para sobreponerse.
La puerta era de cedro, maciza y con picaporte de bronce. Estaba al final de un pasillo largo, a la salida del comedor principal, y no parecía ocultar nada anormal. De hecho, cualquier visitante ocasional que la abriera sólo vería un oscuro y húmedo cuarto deshabitado, depósito de algunos viejos muebles en desuso y repleto de polvo y telarañas.
La primera vez que entré a la casa, Leonor señaló la puerta y me dijo “ahí no vive nadie, es una especie de desván donde guardamos lo que debiéramos haber tirado hace mucho”, y no sentí curiosidad. Fue después de algún tiempo que empecé a experimentar cierta intriga, que terminó transformándose en una inquietante sospecha: resultaba extraño que Leonor entrara con tanta frecuencia a una habitación abandonada en la que no había nada que hacer. Sus respuestas (“fui a buscar un libro”, “entré a ordenar”, “me pareció escuchar ruido de ratas”) no me convencían: algo estaba pasando detrás de esa puerta que comenzaba a perturbarme. Además, no era Leonor la única: todos los habitantes de la casa entraban y salían de esa habitación con absoluta naturalidad. Pero algo me decía que no era prudente hacer preguntas al respecto; o que, en todo caso, sería inútil: invariablemente Leonor insistiría con las evasivas. De cualquier manera, no me parecía que valiera la pena darle demasiada importancia al asunto: por ese entonces creía que detrás de la puerta sólo había un cuarto lleno de cachivaches, insectos y moho, y que el apego de Leonor a ese sombrío recinto era una manía inofensiva.
Al llegar a la casa aquella mañana encontré el despelote habitual en esos casos. La vieja Justina lloraba a moco tendido mientras Pablo, indolente, desempolvaba las copitas de licor. María de los Milagros le gritaba “¡puta de mierda, mal nacida!” a Josefina la criada, adivinando en sus lágrimas un amor oculto desde siempre, tal vez temiendo que hubiese sido correspondido alguna noche de desvelo en las galerías del fondo, y Nicanor espantaba a los perros empecinados en orinar las columnas de alpaca sobre las que descansaba el féretro. Era siempre lo mismo, cuando alguno de los del otro lado moría se convulsionaba todo, como si se tratara de algo irreversible. “Extraña conducta la de estos seres”, pensé una vez más. Pero a esa altura ya sabía que nada en ellos debía sorprenderme demasiado: su naturaleza los volvía esquivos a cualquier intento de análisis racional que se sostuviera en parámetros sensatos.
Tiempo atrás yo había sido aceptado por toda la familia, con excepción del Coronel Arturo Llanes, que nunca se dejó ver. Creo que yo no le simpatizaba, aunque Leonor dijera que no debía interpretar esa actitud del viejo como desprecio, porque estaba loco desde aquella mañana aciaga en el balcón, “y los locos, ya se sabe, tienen códigos diferentes”.
El gobierno había pagado las casas expropiadas, y los documentos eran claros: el plazo para desocuparlas era de tres meses. Las semanas previas a la mudanza fueron de mucha tensión. Sin embargo detrás de la puerta nada parecía alterarse: la vida normal del otro lado seguía su curso. El ámbito de estos extraños seres permanecía inmutable, como ellos… Éramos nosotros, Leonor y yo, los desquiciados. La incertidumbre tomaba diferentes formas, casi letales. Por momentos era un nerviosismo extremo, que de pronto se transformaba en pánico, y en cualquier caso la angustia nunca cedía.
Una semana antes de la entrega, aun no teníamos decidido qué hacer. Leonor había pensado algunos desatinos, de los que milagrosamente conseguí hacerla desistir, y entonces los Llanes abandonarían la casa por la puerta de calle, como debía ser, dejando la otra puerta en su lugar, a merced de las topadoras.
Llegó el día. Leonor estaba impávida, no demostraba desesperación mientras los changarines cargaban todo en el camión de la mudanza. Recién cuando vi salir a uno de ellos con la puerta sobre los hombros comprendí todo.
Entré a la casa, fui derecho a la habitación sin puerta, y como lo suponía, sólo encontré estantes desvencijados y telarañas. Ni rastros de esos seres del olvido imposible: al fin y al cabo ellos nunca supieron de la demolición de una casa que hacía mucho que ya no habitaban..
Gus 2006 (creo)
Griyología: la Anunciación y "El griyo y las mujeres"
“tengo un grillo cantando en el patio mojado y lleno de hojas......”
escribió ella en su pared invisible de mundo irreal una noche de sábado de otoño, y sus palabras viajaron por el éter de la web para instalarse en la imaginaria mesa de café que reunía a los distantes de siempre en espontánea tertulia de domingo por la tarde.
Que nadie pregunte cómo, cuándo, porqué, ni ninguna otra pelotudez: no pienso perder un segundo de mi valioso tiempo intentando explicar lo inexplicable. Ella (no importa quién: una de las tantas ellas que, sin saberlo aún, ya reinaban en este laberinto), la misma que alguna vez había dicho“..El Hombre se topa con la belleza, como se encuentra con una verdad; como accede a toda trascendencia.. Casi por error.”, fue la elegida de quién sabe quién o qué, para depositar en sus manos la divina anunciación.. y yo, el humilde instrumento programado (quién sabe por qué o quién) para decodificarla: el grillo es Dios.. Dios es un Grillo.. o más precisamente: se revela a través de la suma de todos los grillos del mundo, atomizado en los jardines de la Tierra (esto, la teoría de una deidad fragmentaria, única pero dispersa, explica de manera inequívoca el don divino de la ubicuidad, entre otras cosas.. y debiera satisfacer tanto a monoteístas como politeístas).
Un grillo escondido en la hojarasca mojada de un patio de Salta, nada trascendental en apariencia.. pero inmediatamente comprendí todo. Escuchaba la charla, participaba también, medianamente atento a las disquisiciones serias y a estúpidas humoradas de algunos imbéciles.. pero con la mente en otro lado; hasta que algo guió mis dedos sobre el teclado, y no fue precisamente mi voluntad consciente.“todo es posible... in this twilight zone... no será que Dios es grillo?”, dije entonces.. y las almas presentes vieron la Luz; esa que yo, casi como esclavo del azar, encendí.
Uno de nosotros descubrió tiempo después muchas cosas que ya en ese entonces habían escapado del espectro de mi interés en el asunto. Uno de esos descubrimientos reveladores está plasmado en un relato: el que transcribo a continuación.
EL GRIYO Y LAS MUJERES
Había una vez un mundo antiguo y un sabio profeta en él. Ese hombre místico, etéreo a veces y encarnación de la Suprema Divinidad otras, se ocupaba de las cuestiones sobrenaturales y de todo lo relativo al plano de los misterios. Tenía poderes de adivinación y conocía al detalle los mecanismos de lo súper-empírico. Recorría cada rincón del planeta, y se decía que había sido visto en varios lugares simultáneamente. Pero hoy ya sabemos que esa cualidad de omnipresencia obedecía a otros factores, explicados muchos años después por un pelotudo que, en pleno delirio de aburrimiento dominguero, vislumbró el prodigio en un patio de Salta y desentrañó el misterio. Tal hallazgo explica también la divina omnisciencia, pero eso es otra historia, que no abordaré ahora: ahora nos vamos a situar en una aldea cualquiera de ese viejo mundo que había una vez al oeste del Atlántico.
En aquellos días, las mujeres de la aldea se reunieron y le preguntaron al Grillo:
- ¿Cuándo llegará nuestro tiempo? Los hombres son los que deciden sobre lo que se debe y lo que no se debe hacer. Ellos dicen lo que está bien y lo que está mal. Manejan nuestras vidas y nosotras debemos acatar lo que ellos mandan y obedecer sin chistar. ¿Llegará el día en que las cosas cambien?
El grillo respondió: - No veréis ese día.
Las mujeres entonces, acongojadas, comenzaron a llorar amargamente.
Pero el grillo prosiguió: - Sin embargo, dentro de muchas generaciones, nacerá un profeta del otro lado del mar. El fundará una nueva religión y reunirá un gran número de sacerdotisas. Al principio lo tomarán por loco, pero con el correr del tiempo no habrá persona sobre la tierra que tome una decisión sin consultar antes a una de sus discípulas.
- ¿Solo serán mujeres sus seguidoras? - le preguntaron.
- Habrá unos pocos hombres también -respondió el grillo- pero no serán conscientes del verdadero propósito de su misión y servirán a las mujeres sin saberlo. En verdad os digo, hijas mías, que no conocéis todavía vuestro oculto poder. Sutílmente, sin despertar sospechas, penetraréis las mentes de los hombres, conoceréis sus secretos y dominaréis sus voluntades.
Al escuchar estas palabras, las mujeres se alegraron, cantaron, bailaron y rieron hasta el amanecer. Fue entonces cuando la más vieja de ellas se acercó al grillo y le preguntó: - ¿Como se llamará ese gran profeta?
- Frói -respondió el grillo- Sígmun Frói..
Este relato aparece en el capítulo “Profecías”, del manuscrito hallado en un baldío de Villa Luzuriaga.
Parte de algo más extenso, en demorada elaboración debido a la abulia crónica que me impide sumar mi aporte pre-post, este texto surge de la esmerada labor de investigación emprendida por mi amigo Juan Gallastegui, y fue corregido (reescrito), en colaboración, por ambos. Considero oportuno aclarar, para aquellos que aun no fueron receptores de la anunciación, que el GRIYO es una deidad que se mantuvo oculta hasta marzo de 2010, cuando hizo su aparición revelándose entre la hojarasca de un patio de Salta.
A quienes no entiendan la alusión al "matriarcado a futuro" (femdom en términos Triple X), predicho por el Profeta en el pasado de un futuro que ya llegó y hoy es presente, les sugiero realizar un relevamiento de matrículas, y observarán que la composición de la casta psi está ampliamente dominada por mujeres. Sacerdotisas que nos lavan el cerebro a los hombres (o al menos lo intentan) y que, a sus congéneres, las conducen inexorablemente al divorcio si son casadas, o a la indolencia y la promiscuidad si son solteras..
Pero tras la consumación de lo predicho por el profeta, se armó un poco de quilombo: no cierra del todo el postulado de Lacan: "la mujer no existe" (el “no” aparecía tachado por él mismo en su manuscrito). Hmmm.. ¿habrá sido Don Jacques un traidor de género, comprado con favores femeninos, para hacernos creer que no correríamos peligro alguno, mientras él se cojía de a dos o tres a la vez? ¿estaría ebrio cuando escribió eso? ¿o simplemente se tratará de un acto fallido?
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Un poema NO es un texto compuesto por frases cortas (versos), agrupadas a veces en estrofas (conjuntos de versos), encolumnadas, y que pueden en algunos casos tener cierta sonoridad casi musical (rima). Lo que precariamente acabo de definir desde la negación, es un formato: el formato poema. Pero.. ¿y la poesía..? No la mencioné, siendo el ingrediente fundamental, el sol y la luna de un cielo continente. En el ARTE, no es la forma lo que define el carácter o la esencia de algo. Puedo escribir basura que se amolde a un formato.. versos, estrofas, verticalidad, rima, pero.. ¿es eso un poema, o sigue siendo basura enversada, estrofada, encolumnada y rimada?
Poema es una creación literaria que se concibe como expresión artística de la belleza por medio de la palabra, y que aunque antiguamente estaba sujeta a la medida y cadencia del verso, en la poesía moderna, más libre y osada, eso ya no es condición determinante: el poeta de hoy se atreve a trasgredir rigideces formales, cercos conceptuales, sin por ello perder su noción de belleza.. sin que esta se le escape por entreversos, siempre y cuando esa belleza le sea asequible, por supuesto.
OK, sé lo que me van a decir y me adelanto: acepto que la belleza es una abstracción, y como tal, subjetiva. Pero yo nunca me llevé bien con el formato "poema", nunca escribí un poema de verdad, y aquellos textos que presenté vestidos de tal, no lo son: son apenas prosa deformada, tirada de los pelos para amoldarla a un esquema formal para el cual no cumple con los requisitos esenciales. Se (o siento) que tengo un enorme bagaje de poesía en el alma, pero también siento (o se) que mi alma vino de fábrica regulada por una severa constricción que le impide parir arte. Entonces.. sinceramente digo que no sé por qué soy tan pelotudo como para aventurarme en mares desconocidos tripulando un barco del que jamás conocí la situación del timón.. Hoy tomo consciencia de esto y retorno a mi mundo lineal, el de la prosa, que a veces (solo a veces) resulta poética si alguna puta musa aburrida se digna a asistirme. Amén.
Aclarado esto, me propongo (des)formatear un no-poema viejo que publiqué anoche..
veo vitrales volverse viento vestigio de vida verdes viñedos velados, vedados, vacío.. voy, vengo vistiendo el valle en las venas volviendo viles vidas en vano volado de verdades que vierten su veneno veredas volcánicas un velero varado viento abajo vudú venablo vagina vórtice en vigilia viernes vodka voces a la vera del viento valijas vacías vendimia sin palabras venganza volverte a ver viejo velón velux vítreo verónicas violeta ventisca voraz vencido voy y voy y voy y ya no vuelvo
Gus
Poema es una creación literaria que se concibe como expresión artística de la belleza por medio de la palabra, y que aunque antiguamente estaba sujeta a la medida y cadencia del verso, en la poesía moderna, más libre y osada, eso ya no es condición determinante: el poeta de hoy se atreve a trasgredir rigideces formales, cercos conceptuales, sin por ello perder su noción de belleza.. sin que esta se le escape por entreversos, siempre y cuando esa belleza le sea asequible, por supuesto.
OK, sé lo que me van a decir y me adelanto: acepto que la belleza es una abstracción, y como tal, subjetiva. Pero yo nunca me llevé bien con el formato "poema", nunca escribí un poema de verdad, y aquellos textos que presenté vestidos de tal, no lo son: son apenas prosa deformada, tirada de los pelos para amoldarla a un esquema formal para el cual no cumple con los requisitos esenciales. Se (o siento) que tengo un enorme bagaje de poesía en el alma, pero también siento (o se) que mi alma vino de fábrica regulada por una severa constricción que le impide parir arte. Entonces.. sinceramente digo que no sé por qué soy tan pelotudo como para aventurarme en mares desconocidos tripulando un barco del que jamás conocí la situación del timón.. Hoy tomo consciencia de esto y retorno a mi mundo lineal, el de la prosa, que a veces (solo a veces) resulta poética si alguna puta musa aburrida se digna a asistirme. Amén.
Aclarado esto, me propongo (des)formatear un no-poema viejo que publiqué anoche..
veo vitrales volverse viento vestigio de vida verdes viñedos velados, vedados, vacío.. voy, vengo vistiendo el valle en las venas volviendo viles vidas en vano volado de verdades que vierten su veneno veredas volcánicas un velero varado viento abajo vudú venablo vagina vórtice en vigilia viernes vodka voces a la vera del viento valijas vacías vendimia sin palabras venganza volverte a ver viejo velón velux vítreo verónicas violeta ventisca voraz vencido voy y voy y voy y ya no vuelvo
Gus
Vacío
veo vitrales volverse
viento
vestigio de vida
verdes viñedos
velados, vedados
vacío..
voy, vengo
vistiendo el valle
en las venas
volviendo viles vidas
en vano
volado de verdades
que vierten su veneno
veredas volcánicas
un velero varado
viento abajo
vudú venablo
vagina
vórtice en vigilia
viernes
vodka
voces a la vera del viento
valijas vacías
venganza
volverte a ver
viejo velón
velux vítreo
verónicas violeta
ventisca voraz
vencido voy
y voy y voy y
ya no vuelvo
Gus, 12 de julio de 2011
viento
vestigio de vida
verdes viñedos
velados, vedados
vacío..
voy, vengo
vistiendo el valle
en las venas
volviendo viles vidas
en vano
volado de verdades
que vierten su veneno
veredas volcánicas
un velero varado
viento abajo
vudú venablo
vagina
vórtice en vigilia
viernes
vodka
voces a la vera del viento
valijas vacías
venganza
volverte a ver
viejo velón
velux vítreo
verónicas violeta
ventisca voraz
vencido voy
y voy y voy y
ya no vuelvo
Gus, 12 de julio de 2011
ayer entre espejos..
Nuevas luces traerán
nuevas sombras
esmeralda de inmensidad
alucino lo real
agazapado entre mentiras
sangra el sur
sangran los sueños
como brujas de alquitrán
en mi almohada
No descansa la mañana
de un martes de noviembre
no respira mi corazón
de celofán
mutilado por la daga de tu amor
tu amor repentino
salvaje
encantador encantado
tu amor narcótico
explosivo
efímero
contraluz de poemas muertos
ya nada vuelve en este rosedal
ya nada vuelve a mi:
ni yo..
Gus, 17 de noviembre de 2011
Santa Rita de Tilcara..
..sueña mi sueño
llora mis lágrimas
bebe mi desvelo
muere mi muerte..
no pido más
sólo necesito tu promesa..
llora mis lágrimas
bebe mi desvelo
muere mi muerte..
no pido más
sólo necesito tu promesa..
no hay nada en este valle
que me abrigue,
no sale ya el sol
en mi cielo de papel,
las hadas se enmudecen
las mariposas me huyen
y yo.. no veo más que sombras
yo solo ansío su piel
oigo su risa
(su risa de niña)
sólo siento su boca
su boca en el cenit
de mi ser que ya no es..
abstinencia
aun sabiendo, o creyendo saber cuanto iría a doler, lo duro que sería.. no imaginé tanto.
hablo de este calor agobiante, humedad de bolsillo, cerrojo en el cuerpo, un nudo del alma; hablo del cielo, oscurecido por desfiles de lunas muertas y demonios adueñándose de las estrellas.. mi cielo.. invisible ausente imaginado presentido deseado.. hablo de órbitas que ya apenas se rozan alejándose un poco en cada giro.. un mientras que duele en la incertidumbre aun con esta fe de bestia errante que la zozobra doblega de a ratos.. cuando se suceden flashes de caídas vistas, demasiadas en el último tramo del camino que me trajo a hoy... y es ahí donde me asalta el temor de que no vuelva a salir el sol antes de que esta mojadura estéril me desgarre el alma..
pero todo pasa, y por el mismo esfuerzo apuesto a imaginar el verano y el verde de los azules de los rojos hasta volver a jugar con el arco iris acunado en el hueco de mis manos que de tanto dar lo antes negado estén listas para recibir...
Gus, 23 de noviembre 2009
hablo de este calor agobiante, humedad de bolsillo, cerrojo en el cuerpo, un nudo del alma; hablo del cielo, oscurecido por desfiles de lunas muertas y demonios adueñándose de las estrellas.. mi cielo.. invisible ausente imaginado presentido deseado.. hablo de órbitas que ya apenas se rozan alejándose un poco en cada giro.. un mientras que duele en la incertidumbre aun con esta fe de bestia errante que la zozobra doblega de a ratos.. cuando se suceden flashes de caídas vistas, demasiadas en el último tramo del camino que me trajo a hoy... y es ahí donde me asalta el temor de que no vuelva a salir el sol antes de que esta mojadura estéril me desgarre el alma..
pero todo pasa, y por el mismo esfuerzo apuesto a imaginar el verano y el verde de los azules de los rojos hasta volver a jugar con el arco iris acunado en el hueco de mis manos que de tanto dar lo antes negado estén listas para recibir...
Gus, 23 de noviembre 2009
remake
El pasado es lo único real.. lo único de lo que podemos tener alguna certeza, y eso le da entidad.. luz de existencia..
El presente es un punto efímero, nexo entre ese pasado y el futuro en gestación permanente. Nadie sabe qué nos dará o quitará el mañana, por lo que elijo en pleno uso de mis facultades mentales (dudosamente intactas) sentarme en la platea del hoy a ver la película ya filmada, esa en la que fui feliz.
..yo me meto en la hojarasca de los tiempos y remuevo hasta lo irremovible, cada retazo de historia, cada milímetro de película, cada capítulo escrito.. porque sí me interesa saber, descubrir, reinterpretar con más elementos más concretos todo lo que se fue apilando y desmoronando para volver a apilarse y desmoronarse infinitas veces, todo lo que de una u otra manera salde alguna deuda del pasado.. sí me interesa, y siento un reajuste de la vida a mi favor al buscar, encontrar y ordenar, especialmente si encuento lo que quiero, aunque ya no lo pueda tomar, y entonces no me sirva para mucho.. NO me interesan las hojas en blanco de lo que se escribirá.. menos me interesa la sordidez de esas migajas en que se desangra el hoy.. nada en el presente y el futuro me seduce porque.. del futuro nada sé, y del presente nada quiero saber.. mientras siga mostrándome su más perversa cara de villano..
Gus
El presente es un punto efímero, nexo entre ese pasado y el futuro en gestación permanente. Nadie sabe qué nos dará o quitará el mañana, por lo que elijo en pleno uso de mis facultades mentales (dudosamente intactas) sentarme en la platea del hoy a ver la película ya filmada, esa en la que fui feliz.
..yo me meto en la hojarasca de los tiempos y remuevo hasta lo irremovible, cada retazo de historia, cada milímetro de película, cada capítulo escrito.. porque sí me interesa saber, descubrir, reinterpretar con más elementos más concretos todo lo que se fue apilando y desmoronando para volver a apilarse y desmoronarse infinitas veces, todo lo que de una u otra manera salde alguna deuda del pasado.. sí me interesa, y siento un reajuste de la vida a mi favor al buscar, encontrar y ordenar, especialmente si encuento lo que quiero, aunque ya no lo pueda tomar, y entonces no me sirva para mucho.. NO me interesan las hojas en blanco de lo que se escribirá.. menos me interesa la sordidez de esas migajas en que se desangra el hoy.. nada en el presente y el futuro me seduce porque.. del futuro nada sé, y del presente nada quiero saber.. mientras siga mostrándome su más perversa cara de villano..
Gus
CREO
La locura es un par de alas que duelen. Lo dije alguna vez y hoy sigo pensándolo, pero rondado (aguijoneado) por un interrogante: ¿duelen de cansancio al volar, o de entumecimiento cuando se las porta para sólo arrastrarlas por la tierra?
Como sea, la creación es un carro con tracción a locura. Todo lo que devenga (o "devaya") en ARTE me parece válido; no soy un tipo ilustrado como para citar ejemplos, pero creo que el dolor pare obras de factura imposible para el boludo alegre..
Yo fui/soy guitarrista de rock & blues.. también escribo, y justamente anoche hablaba con una amiga sobre las ventiscas del alma que nos llevan a generar hechos artísticos ("obras de arte" me suena a camisa que me queda grande); le decía que me impulsan el desequilibrio, el dolor, el desasosiego, como motores perversos.. Para mí escribir es balsámico, es catarsis, es sacudirme las pulgas y aplastarlas sobre el papel transformándolas en letras.. aunque no (me) sirva para ser feliz...
Gus
Como sea, la creación es un carro con tracción a locura. Todo lo que devenga (o "devaya") en ARTE me parece válido; no soy un tipo ilustrado como para citar ejemplos, pero creo que el dolor pare obras de factura imposible para el boludo alegre..
Yo fui/soy guitarrista de rock & blues.. también escribo, y justamente anoche hablaba con una amiga sobre las ventiscas del alma que nos llevan a generar hechos artísticos ("obras de arte" me suena a camisa que me queda grande); le decía que me impulsan el desequilibrio, el dolor, el desasosiego, como motores perversos.. Para mí escribir es balsámico, es catarsis, es sacudirme las pulgas y aplastarlas sobre el papel transformándolas en letras.. aunque no (me) sirva para ser feliz...
Gus
postal de hoy..
Enveneno mi memoria
con la sal de tu recuerdo
Enveneno mi corazón
con tu ausencia
Enveneno mis ojos
con tu belleza
Enveneno mi alma
con aquella magia (nuestra)
Enveneno mi esperanza
con tu silencio
Enveneno mi cuerpo
con porquerías
Enveneno mi futuro
con dos palabras:
nunca más..
Gus
con la sal de tu recuerdo
Enveneno mi corazón
con tu ausencia
Enveneno mis ojos
con tu belleza
Enveneno mi alma
con aquella magia (nuestra)
Enveneno mi esperanza
con tu silencio
Enveneno mi cuerpo
con porquerías
Enveneno mi futuro
con dos palabras:
nunca más..
Gus
postal de hoy..
Enveneno mi memoria
con la sal de tu recuerdo
Enveneno mi corazón
con tu ausencia
Enveneno mis ojos
con tu belleza
Enveneno mi alma
con aquella magia (nuestra)
Enveneno mi esperanza
con tu silencio
Enveneno mi cuerpo
con porquerías
Enveneno mi mañana
con dos palabras:
nunca más..
Gus
con la sal de tu recuerdo
Enveneno mi corazón
con tu ausencia
Enveneno mis ojos
con tu belleza
Enveneno mi alma
con aquella magia (nuestra)
Enveneno mi esperanza
con tu silencio
Enveneno mi cuerpo
con porquerías
Enveneno mi mañana
con dos palabras:
nunca más..
Gus
PREMONICION
¿Cómo saber con certeza si una mujer es (o fue) el amor de nuestra vida? Simple: si hiciste algo para ella muchos años antes de su llegada a tu vida, sin duda.. lo fue (o lo es).
Escribí esta canción para vos, nena.. hace 17 años.. Por cierto, no sabía que eras vos esa mujer sin nombre: en aquel momento pensé que la canción era para nadie, sólo una historia.. una ficción que cualquiera podría haber escrito para una mujer..
Escribí esta canción para vos, nena.. hace 17 años.. Por cierto, no sabía que eras vos esa mujer sin nombre: en aquel momento pensé que la canción era para nadie, sólo una historia.. una ficción que cualquiera podría haber escrito para una mujer..
Final sinfín (Amor narcótico)
La luz se desprendía
de mis ojos, se perdía
entre los duendes del bosque
Hoy te esperé eternamente
como la luz de un río
que siempre va y nunca vuelve
Después me vi en tu mirada
de su color divino
até una nube a mi espalda
y me perdí en la luna
con su fulgor de agua
me hundí en esta locura
Así cerré mi ventana
imaginando el viento
de sueños pinto mi casa
No me atreví a despedirme
no estoy acá
ni allá ni en el arco iris
Nunca despierto de día
tengo terror al hado
que trae las velas del alba
Se del final la calma
cuento las horas
la suma nunca es exacta
Ya no más simulaciones
tuve tu amor suicida
hoy sólo tengo dibujos
de ceniza
Nunca crucé aquella línea
como un dolor me siento
y ya no siento más.. nada
La luz se desprendía
de mis ojos, se perdía
entre los duendes del bosque
Hoy te esperé eternamente
como la luz de un río
que siempre va y nunca vuelve
Después me vi en tu mirada
de su color divino
até una nube a mi espalda
y me perdí en la luna
con su fulgor de agua
me hundí en esta locura
Así cerré mi ventana
imaginando el viento
de sueños pinto mi casa
No me atreví a despedirme
no estoy acá
ni allá ni en el arco iris
Nunca despierto de día
tengo terror al hado
que trae las velas del alba
Se del final la calma
cuento las horas
la suma nunca es exacta
Ya no más simulaciones
tuve tu amor suicida
hoy sólo tengo dibujos
de ceniza
Nunca crucé aquella línea
como un dolor me siento
y ya no siento más.. nada
Gus, 14 de mayo de 1992
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